Pablo Huneeus
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Capítulo V
LA CONFESIÓN
por Pablo Huneeus

“Evitar la derrota está en nuestras manos, pero la oportunidad de derrotar al enemigo la brinda el propio enemigo.”
Sun Tzu: “El Arte de la Guerra”, siglo VI a. C.
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En un país libre, donde se presume inocente a todo ciudadano mientras la justicia, por sentencia ejecutoriada, no determine lo contrario, así de cordial y respetuosa de la dignidad humana había de ser la invitación del Ministerio Público a concurrir a la fiscalía de Las Condes. ¡Tan educados que son los burócratas! ¡Tan deferentes y atentos con el público que dicen servir!

Junto a la afable convocatoria venían siete hojas tamaño oficio de papel Bond 24, 216 X 330mm, 75g/m² de espesor, fabricado con celulosa de bosque y blanqueado con ácido sulfúrico, H2O4S, también conocido como vitriolo.

El burilote corcheteado a la citación eran fotocopias, apenas legibles, de algo escrito en la adusta caligrafía Verdana, cuerpo 14, interlineado 1,5, así grande, cual gallo sacando pecho para apabullar al gavilán.

Lleno de timbres judiciales y palabrotas como “presidio menor en su grado máximo”, parece un cuento de terror. Hasta el sello negro que lo encabeza en su margen derecho “Juzgado de Garantía, Osorno, RUC 0710010799-0” hace pensar en la hoguera ad portas.

Cuando me reduzcan a cenizas, gracias a tan portentoso número no habrá olvido, pues viviré hasta el fin de los tiempos en los cuadros estadísticos. ¡Aún tenemos patria ciudadanos!: nos queda ser cifra.

¿Qué más esperar de la vida? Podemos cambiar de apellido, de nacionalidad y de sexo, pero de RUN, el guarismo del Rol Único Nacional que con que el Estado nos ficha al nacer ¡jamás!

A lo largo de la vida, según si metemos las manos o sacamos la voz, juntamos otros números más, como éste nuevo mío que suma a treinta y cuatro, la edad del Nazareno al momento de ser crucificado. Tiene además, la gracia de catalogar este proceso con un cero a la izquierda.

Ahora basta entrar al sepulcro del Poder Judicial (www.poderjudicial.cl) buscar en “Información de causas”, luego marcar “Penal” y con el citado guarismo, bajo Corte de Apelaciones de Valdivia, Juzgado de Osorno, ahí existo, luego pienso.

Delito que me sindican: “Calumnia (acción privada)” Situación de libertad: “Libre”, dice.

La Inquisición medieval es el primer organismo persecutorio en llevar un registro pormenorizado de cada imputado. Por medio de tabulaciones cruzadas, contabilizaba por nombre y según cuál fuera la herejía cometida: quiromancia, hechicería con indicación de si era bruja o mago, invocaciones al demonio, y “solicitaciones” (coitos con feligresas y monaguillos, ora en la cripta bajo el altar mayor o en la sacristía), todo notariado en pergaminos que se archivaban ordenadamente en bóvedas secretas.

Con esa base de datos, si a un alquimista lo sorprendían buscando la piedra filosofal en Zaragoza, podían los inquisidores saber que veinte años atrás había dicho en Nápoles que el sol no se mueve.

En el margen izquierdo del legajo, justo bajo el corchete resalta una frase en rima: “EN LO PRINCIPAL: Querella Criminal.” Ideal para una marcha con la entonación de “¡el pueblo unido, jamás será vencido!”. Suena bien; ¡¡¡EN LO PRINCIPAL!!! ¡¡¡QUERELLA CRIMINAL!!!

El título del libelo, estampado al medio de la hoja en letras mayúsculas resaltadas en negrita es: “S. J. DE GARANTÍA”, que malamente rima con cesantía.

Comienza el relato con la frase: “Roberto Alfonso Vergara Scholz, abogado,…” ¿Será otro de los “Robertazos” de que habla Camilo?

Es el cuarto guante ya que me lanza a la cara: el cambio de nombre asegurando que mi hijo es oriundo de Chahuilco, perjurio perpetrado en el Juzgado de Letras de Río Negro (Causa Nº 17.474 de 1996); la demanda de alimentos donde intenta embargarme desde mi casa hasta la del vecino (RIT C-212-2005); su desafiante alegato ante mi negativa de que Camilo integre un tour a Europa en mal momento (RIT V-73-2006) y ahora este fábula de vampiros.

En esencia, es por haber denunciado que a mi hijo Camilo lo sustrajeron ilegalmente del país.

Hay escritos que dicen más del autor, que del tema sobre el cual versan. La criminal querella es también una suerte de confesión, sacramento católico poco practicado en la actualidad. Es una composición lingüística, en que su artífice exterioriza, quizás sin darse cuenta, su irrefrenable compulsión por imponer su voluntad en el devenir del niño. Esto, en el marco de un sagaz manejo, azuzado por la madre de Camilo, de extirparle del alma a su progenitor masculino.

¿Por qué? Cual comediante que se pone y saca la máscara, que es y no es divertido, deja pensando. ¿Vienen por plata? ¿Hay algo mejor para alienar a un padre de familia que un juicio de nunca acabar? ¿Qué es lo que quieren que yo no vea?

Lo más desconcertante de ese quejumbroso desahogo, es el aborrecimiento que denota hacia el objeto de su atención, mi hijo Camilo. Ya en la primera oración de la narrativa le escupe un adjetivo calificativo que desde el punto de vista técnico es innecesario, y desde la visual pechoña indica máximo desprecio.

En efecto, de partida arroja al papel blanqueado la siguiente aserción:
“1) Los hechos:
a) El querellado tiene un hijo extramatrimonial en Osorno de nombre…” ¿Qué quiso decir con ese alambicado eufemismo cuyos sinónimos mejor no recordar? ¿Qué el niño Huneeus es un mal nacido? ¿Qué es una basura con la cual él tiene derecho a hacer lo que quiera?

Recordemos el avance legal que ha habido en borrar esa odiosa discriminación sobre el origen de las personas. Los hijos son plenamente de padre y madre, como manda la naturaleza, y no desde que son inscritos o reconocidos en un registro burocrático.

Además, cualquiera hayan sido las circunstancias de la fecundación, son hijos de ambos padres desde momento mismo de manifestarse una nueva vida en la Tierra. De ahí en adelante ambos son responsables de custodiarlo, sin que ninguno de los dos esté facultado para apropiárselo en exclusiva, negar su existencia, infundirle odio al otro y menos, para exponerlo a afectos impropios.

No sabía que así como el gran palacio se hace con pequeños ladrillos, una querella criminal se construye a base de menudas falacias, las que al sumadas unas con otras configuran La Gran Mentira.

Que me opuse a que integrara esa gira de estudios “por causa de la demanda de alimentos” en circunstancias que mis motivos fueron harto más sólidos; que “no quedó otra solución que recurrir a los Tribunales de Familia”, siendo que de no mediar él, entre Camilo y yo podríamos haber resuelto el diferendo; que “El juicio siguió su curso, se escuchó a ambas partes”, lo que no fue el caso dado que el día que fijaron para la audiencia operaban a mi hijo mayor, y así hasta llegar a una falsedad al 100%.

Al final de la segunda página afirma al Seños Juez de Garantía; “g) Con fecha 6 de febrero de 2007, y estando todavía su hijo en Alemania, el querellado don Pablo Huneeus Cox se presentó a la oficina del Ministerio Público de Osorno, ubicada en esta ciudad, calle Lord Cochranne 1161 a las 15:30 horas para efectuar una denuncia …”

Ese día, con toda probabilidad Camilo, quien en definitiva quedó fuera del programa académico para el cual lo autorizó a salir la jueza Riquelme, estaba, no en Alemania, sino en alguno de los cuatro países de Europa que visitó a la libre, gracias a un patacón de euros que recibió allá.

En cambio el querellado con toda certeza a la hora señalada del 6 de febrero de 2007, estaba a 965 km. de Osorno, sumido en la piscina de su casa en Lo Curro. La persona que se presentó a la mentada oficina fue, según consta en la Orden de Transporte 298010362904 del 05 febrero 2007, un estafeta de Chilexpress a entregar el sobre, cuyo envío desde la capital costó $1.300.-.

En esa primera lectura, también me sorprendieron dos menudencias cuyo contenido venenoso tardé mucho en dilucidar: la primera que citara frases completas de mi carta reservada al Ministerio Público, la misma que había de quedar fondeada en el “archivo provisional”. Eso infringe la Ley de Propiedad Intelectual Nº 17.336.

La otra, que en la cuarta hoja, donde dice “2) El Derecho:” se escudara en el Art. 211 del monárquico Código Penal que todavía rige en nuestra república. Dicho artículo, de enrevesada redacción, desde el siglo XIX que induce a mucho licenciado de segunda línea a errar cual pediatra que confunde un dolor de garganta con una difteria en ciernes.

La “denuncia calumniosa” de dicho artículo, que forma parte del título IV sobre delitos contra la fe pública, sanciona denuestos proferidos a la autoridad durante un juicio, mientras que las consabidas “injurias y calumnias” están contempladas en los artículos 412 al 432 del título VII, referido a delitos contra el ciudadano común.

Uno, a igual que el asesinato o el terrorismo, es de acción pública, pues concierne al cuerpo social en su conjunto, mientras el otro es de acción privada porque atañe sólo a un par de individuos, los que en lugar de batirse a duelo, la ley los llama a resolver sus cuitas de modo civilizado.

Así todo, y viendo que el propio Ministerio Pública me notificó de estar imputado en una causa de •”Calumnia (Acción privada)”, preferí bajarle el perfil al asunto. Tal como sucede con mucha provocación, el interés de uno está en desvincularse del agresor, que se vaya lejos. Mejor bregar por la concordia familiar, pensé. Tanto, que entonces lo escribo en una carta:

Santiago, 7 de septiembre de 2007
Profesor
Rodrigo De La Barra Cousiño
Fiscal Adjunto Jefe de la Fiscalía Las Condes
Presente.

“Una paz injusta es mejor que una guerra justa.”
Marco Tulio Cicerón, 106 – 43 a.C.

Señor Fiscal,
Por mandato de Eros —el primero de los dioses— existe en Osorno un hijo mío de dieciocho años. Alto, de frente despejada y pose soberbia, lo vine a conocer el 2004 en la oficina de un abogado UDI de esa comarca llamado Roberto Vergara Scholz, el mismo de la querella.

Fue un raro encuentro; se me exigió acudir solo y contrario a lo anunciado, no se hizo presente la madre del cordero, la médico veterinaria Anita Guzmán. La presentación del caso la ofició el mentado profesional y no le atribuí mayor importancia a la admiración que profesaba hacia mi sureño hijo. Me sorprendió sí el trato jovial del menor hacia ese hombre que no es pariente suyo. Cosas de pueblo chico, pensé, donde todos se conocen.

Es un personaje muy influyente en la zona, que se dedica a defender a los bancos contra los deudores. Entonces, lejos del típico abogado enredador, creí estar ante un mediador ecuánime que en el ejercicio de su profesión tomaba este caso.

Debido a las represalias desatadas en mi contra por mencionar los nombres de dos senadores UDI involucrados en una red de pederastia, no estaba yo en condiciones de resistir otra querella más, por lo que, sumado al pálpito de que efectivamente el muchacho era de mi sangre, procedí a reconocerlo sin más.

Cual padre ante el hijo pródigo (Lucas 15: 11-32) empecé a pagarle su educación, mesada, útiles, celular Nokia y sobre todo, a establecer vínculos para integrarlo al resto de la familia.

Las cosas iban bien hasta mediados de 2005, cuando desde Osorno comienzan a hurgar mi patrimonio material, escrituras, sociedades y cuentas bancarias. Todo, supe después, para armar en nombre de mi propio hijo, siempre con la asesoría de Vergara Scholz, una codiciosa y cruel demanda de “alimentos”, como si el fornido muchacho pasara hambre en la provincia de la carne y de la leche.

Codiciosa, porque la pedida es de $9.600.000.- anuales, más el usufructo y derechos propiedad de nueve empresas y casas en las cuales alguna vez en mi larga vida participé ¡vaya denuncia calumniosa esto de ser sindicado de millonario ante una jueza de familia!

Cruel, porque ineluctablemente había de causar el rompimiento del hermano cautivo en Osorno con la familia. A ningún hijo bien nacido le gusta que ataquen al padre, hasta el hijo en cuyo nombre se da el zarpazo se degrada en un proceso hoy conocido como Síndrome de Alienación Parental (SAP). Toma el partido del padre custodio y para aplacar sus remordimientos odia y difama al padre alejado.

De hecho, la práctica profesional de menores indica que entablada la demanda la primera víctima es la convivencia familiar, sobre todo en este caso que lleva a descubrir que la relación del citado abogado con mi hijo es de larga data. Ya en 1996 aparece articulando el extraño proceso por el cual le cambia su apellido original Tompkins por el de Huneeus.

Curiosamente, aparece en la interminable Audiencia Preparatoria de 2006, primero como testigo, luego como abogado del muchacho.

Y cuando se trata de desafiar la autoridad paterna ante mi bien fundada negativa a que un hijo mío veranee en Europa mientras otro vive su última lucha contra el cáncer, entonces ¿quien otro sino Vergara Scholz hace una brillante jugada legalista a fin de obtener la salida?

Era evidente que ese viaje en ese momento había dejar para siempre al hijo pródigo desgajado de sus hermanos. Son cosas que sólo un padre de familia puede juzgar, decisiones que en medio del temporal competen exclusivamente al capitán, vale decir obligaciones ineludibles e intransferibles que él ayuda a conculcar.

Su excesiva preocupación, las inflexiones de su voz cuando habla del muchacho y hasta sus referencias despectivas a mi persona, podrían ser meros gajes del oficio. Pero si de práctica profesional se trata ¿dónde están sus boletas de honorarios?

Viendo a mi familia atacada por el cáncer medular de un lado y por extrañas obsesiones del otro, me entero de la posibilidad de que quizás se lo quieran llevar para siempre a Alemania. El colegio me informa que no va en la gira de estudios y Policía Internacional, que salió a España.

En ese estado de ánimo me dirijo al novel Ministerio Público. Desde este mismo escritorio el 31 de enero pasado le escribo al Fiscal Jefe de Osorno, una carta donde le expongo con toda franqueza mis aprehensiones. El 22 de febrero, otra con nuevas cavilaciones a corazón abierto, siempre hipotéticas y de índole reservado.

Por medio de la secretaria abogado de esa fiscalía, se fija una reunión con el Fiscal Jefe, don Alejandro Ríos Carrasco para el viernes 31 de marzo, ocasión para la cual viajo allá.

En representación suya y en su oficina me recibe el fiscal adjunto don Alex Meeder Thiers, quien además integra la directiva del Centro de Padres del Instituto Alemán de Osorno, donde estudia el menor en cuestión.

Con mucha paciencia y claridad me explica el espíritu conciliatorio de la Reforma Procesal Penal. En esa línea de apuntar más bien a reparar el daño que a castigar ciegamente, me dice que habiendo vuelto el angelito se extingue la desazón sufrida.

En cuanto a la sustracción de fondo, bueno, al haberlo reconocido ya es cuestión de fijar visitas para lo cual me sugiere que dada la hora, vaya a esperarlo a la salida del colegio.

Contrito, me apresto a cumplir la penitencia del fiscal adjunto, sobre todo a la luz de que Camilo está bien y enfrenta este año la crucial PSU. Mis aprehensiones quedan en calidad de archivo provisional, bajo absoluta reserva me asegura, pues en atención al interés superior del niño, mejor no darle publicidad al tema.

A la salida me encuentro con el Fiscal Jefe, viene llegando con unos archivadores en una mano y una escopeta negra calibre 16 en la otra.

—Esta arma mató a un hombre, —dice.

El tema de las armas me inquieta, pues como puede apreciarse en la segunda carta, hay indicios de su presencia en la casa donde reside mi hijo y que yo sepa, la Fiscalía local nada ha hecho al respecto.

Por lo que pude elucidar de la querella, la Fiscalía de Osorno, en lugar de lo acordado, pasó la causa al Juzgado de Garantía, donde fue sobreseída el 25 de abril, sin que nadie me informase ni me diera oportunidad de reclamar.

Con ello da publicidad a un texto esencialmente privado, protegido por leyes de propiedad intelectual. Además, pisotea la libertad de expresión, artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones”).

Todo, por ejercer a conciencia la potestad irrenunciable del padre y sin el menor ánimo de ofender a nadie.

Pero ocurre que citando un párrafo fuera de contexto supone el abogado osornino una intencionalidad que va más allá de mis palabras. Para juzgar el sentido de un texto literario, su verdadera intención, hay que leerlo entero, por lo que se adjunta como parte integral de mi declaración.

Por estos motivos, ruego a Vd. señor Fiscal que tenga a bien transmitir mis disculpas a quien sea que haya sentido ofendido.

De no haber un desistimiento, sobreseimiento o como sea que se le llame a terminar la querella, solicito:

1.-Que a fin de transparentar este asunto, sean requeridas las boletas de honorarios que atestigüen la relación profesional del querellante con mi hijo.

2.- Que por tratarse de un delito que habría sido cometido en mi casa de Vitacura, ruego ordenar el traslado de esa querella a la jurisdicción de esta comuna.

4.- Requerir del fiscal Meeder una explicación del acuerdo alcanzado por su intermedio el 31 de marzo.

5.- Que el propio Camilo Huneeus, que ya es mayor de edad, declare ante una fiscalía neutra sobre su relación con el querellante.

Le saluda atentamente
(Firmado PHC)
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Nota: Los otros cuatro capítulos, se pueden leer sin cargo en “Artículos anteriores”. El primero es “Señor Fiscal del Ministerio Público” del domingo 25 de abril 2010. El próximo, versa sobre quién le da afrecho al chancho.

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