Pablo Huneeus
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Para pensarla:

Esta tarde a plaza Italia, o como quiera llamársele a la rotonda del caballo sin nombre, irán muchas personas. Unas a protestar contra la injusticia, otras a reprimir por paga, pero todas unidas en la convicción de que mejor estarían veraneando en Caburga.

A CIEN DÍAS DE LA ERUPCION CABALLA DE GRANDE
por Pablo Huneeus

A cien días de la protesta del viernes 25-oct-2019, la grande, la del millón 200 mil almas en la confluencia del Mapocho con la Alameda, el timonel no ha hecho nada por solventar la peor vía de agua bajo la línea de flotación: las pensiones.

La palabra viene del latín «pensiónis», sustantivo femenino que significa paga. Así llamaron la retribución periódica que Roma, o sea el Estado, le asignaba de por vida al recluta base de sus legiones, estuviese en campaña, inválido, retirado en el campo o abandonado por su familia.

Basta tener regular oído y magro bolsillo para saber que por tal paga se está inundando la sentina, como que de partida, apuntamos esa avería entre las primeras «Medidas concretas» (Artículo del 29-oct-2019).

Pero quien mejor demarcó el forado fue Ricardo Lessmann, CEO de Gildemeister, la principal automotora del continente: «Yo partiría por las pensiones. La pensión mínima debiera ser equivalente al sueldo mínimo. El país tiene capacidad de endeudamiento, recursos ahorrados y los debiera gastar en eso y dejarse de pirquinear.» (La Tercera, 11-nov-2019).

A lo largo de la historia, de los militares la jubilación se extendió a los empleados públicos, jueces, científicos y artistas renombrados hasta que en 1881, el Reichskanzler Otto von Bismarck, el de «La política es el arte de lo posible», en pleno timoneo del buque rumbo al engrandecimiento de Alemania por sobre todo, propuso al Reichstag (parlamento imperial) de Berlín (hoy Bundestag), que el Estado central sustentase a cuanto súbdito mayor de 70 así lo solicitase.

Damen und Herren, berlinés o hamburgués, campesino u obrero, revoltoso o veterano, rico o venido a menos, lo que venga.

La oposición fue rotunda. ¿Un Estado benefactor? Nein! Pero he aquí que las matemáticas vencieron a la avaricia: en plata no era nada porque muy poca gente en esos años sobrepasaba los setenta. Y en imagen ¡wow!

Luego quedó en 65 años, pero con esa movida del exponente más recalcitrante de la nobleza junker, el imperio del águila negra incrustó en la era moderna, junto al automóvil y la corriente trifásica, la previsión social extendida hasta los más bajos estratos de la sociedad.

Los motivos de don Otto para jugarse en favor de los desvalidos parecen haber sido eminentemente pragmáticos, por no decir fríamente calculados, a saber:

1.- Darle dignidad al común de la gente a fin de que capital y trabajo, en vez de andar a las patadas, colaboren con gusto en el desarrollo fabril.

2.- Ganarle el quien vive a socialistas y liberales + socialdemócratas católicos, quienes estaban acrecentando su potestad en base al descontento popular y las instituciones de caridad pública.

3.- Inyectar dinero desde abajo, (riego tendido que va a la raíz en vez de riego por aspersión que humecta la pura hoja), activa la economía en su base, que es el poder de adquisición de clase trabajadora. Aparte del sueldo de quien tiene empleo productivo, convertir a desvalidos, ancianos y empobrecidos en consumidores, estimula como nada las ventas del comercio y pequeñas empresas.

O sea, sueldo mínimo = pensión mínima, es lo menos, pero indispensable por todas las ramificaciones que tiene. Así como al empleador no se le permite pagar bajo el- mínimo, ídem a las AFP. Nadie, nunca más, y a ninguna edad debe ser deshumanizado cual esclavo, esquilmado a punta de letra chica y dejado a su avanzada edad en la miseria, menos en un país envidiado por sus riquezas naturales.

Cobre, litio, carbón y hierro en abundancia; el mar más rico en albacora, jurel y atún del mundo; bosques fantásticos, buenas brisas y lindos paisajes. Y lo principal, la calidad del pueblo base, que ya Ercilla el siglo XVI advierte que Chile «la gente que produce es tan granada, tan soberbia, gallarda y belicosa, que no ha sido por rey jamás regida, ni a dominio extranjero sometida.»

Rodeado de optimistas a sueldo, difícil que en la cofa oigan al vigía sobrio. ¿Será que el Mapocho no era tan navegable como parecía? ¿O que el timonel, fiel al principio de ser el último en saltar del bote quiere morir en la rueda?

Mejor, bravo marino y diestro piloto de helicópteros, tómese un descanso y dele a este sociólogo noventa días para volver a Chile de economía de mercado a sociedad de personas.

¿Y cómo? Mirko Macari comparó la situación actual con la de los pasajeros recién embarcados en el «Titanic». No le queda al gobierno y la clase política más que esperar la consecuencia lógica de navegar de noche a toda máquina en tiempo de témpanos.

Prepararse lo que ineluctablemente viene. A partir del antes mencionado principio filosófico «Sublata causa, tollitur effectus.» (Suprimida la causa, cesan los efectos), habrá que arremeter simultáneamente contra los principales nódulos de abuso a la ciudadanía: AFP, Iva al libro y alimentos (cero y 40% a alcoholes), Tag (a la mitad), FFEE (separarlas de Carabineros), clase política (desahuciarla toda), Tribunal Constitucional (cerrarlo), Isapres, bancos y financieras, costo y calidad de la vivienda, liberar los containers para darlos gratis en los campamentos, deuda estudiantil, forestales, recuperar los ferrocarriles, etc.

¿Novedoso? Nada, es la estrategia del General José de San Martín para ayudarnos a alcanzar la Independencia: hacer al Ejército Libertador cruzar la cordillera de Los Andes por cuatro pasos a la vez, febrero de 1817.

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