Pablo Huneeus
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YO ESTUVE EN LA CARCEL
por Pablo Huneeus

Yo estuve en la cárcel… (suspenso en el auditorio) cuando Pilar Donoso Vera, a la sazón psicoterapeuta de Gendarmería, me pidió ir por un taller de lectura que había organizado para unos internos que teniendo apenas de 16 a 18 años de edad, debían estar junto a los presos curtidos.

Asusta la puerta de hierro que se cierra detrás de uno antes que abran la siguiente, pero golpea la fetidez a orina y excretas que permea el recinto.

Eran niños, de diez, doce años diría uno que no sabe nada de la desnutrición que asola la marginación, pero muy listos. A fin de protegerlos, los soltaban al patio un rato no más, cuando los adultos habían sido encerrados hasta el otro día.

Para entretenerlos durante sus veinte horas diarias hacinados tras los barrotes, les habían pasado libros, entre ellos el «¿Qué te pasó Pablo?» que resultó ser el más leído. Por eso, felices de conocer al autor.

Nunca me he sentido tan succionado, como si quisieran quedarse, no con las llaves del auto, o mi reloj, sino con el espíritu de uno. Clases de inglés, filosofía clásica, guitarra, redacción escrita, natación o primeros auxilios, todo lo necesitan, pero más que nada, claman sus almas por un toque de humanidad.

Y también los gendarmes, quienes escuchan atentos la conversación. En sus ojos se aprecia que ellos están tan atrapados en la moledora de carne como los presos que custodian.

No tuve fuerza de seguir. A veces, pienso en esos adolescentes flacuchentos que la cultura podría redimir, y una vez le propuse al Alcaide en Jefe del país, el Ministro de Justicia y Derechos Humanos, José Antonio Gómez, castigar con educación en vez de tiempo perdido.

¿Robó una gallina? Aprender a recitar Los Veinte Poemas de Neruda. ¿Saqueó el Líder? Cursar hasta 8º Básico. ¿Se afanó un Porsche? Preso hasta recibirse de ingeniero mecánico.

Bueno, que no son las condiciones para estudiar, replicó Gómez. Claro que no, pero de eso se trata, cambiar las condiciones de los brotes nuevos; son más dados al trasplante.

Como sea, ninguno de los actuales detenidos está condenado a trato denigrante, tortura o muerte, menos sirviendo de patíbulo un virus de origen porcino, como es el SARS-CoV-2, causante de la enfermedad Covid-19, que es perfectamente tratable.

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