Pablo Huneeus
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Urbi et Orbi 87, Domingo 10 de Septiembre de 2000

CESANT’S CLUB
por Pablo Huneeus

Acaba de abrir sus puertas en el barrio alto de la capital el exclusivo y elegante Cesant’s Club. Rodeado de palmeras, brinda a sus socios lo que ningún casino o ateneo del mundo ofrece: tiempo. Tiempo para leer El Mercurio de punta a rabo, tiempo para ayudar a los niños con sus tareas y sobre todo, para dar vueltas y vueltas por el jardín.

No más trabajar ¡qué alivio! Nada de reuniones, plazos ni presiones. Todo para uno, uno para nadie. Al fin la oportunidad de disfrutar sin apuro un cortado en el Café Haití, o de jugar a media mañana unos palitos de golf.

La flamante sede del Cesant’s fue inaugurada por la distinguida señora Mary Downsizing de Empresas, quien para la ocasión lucía un collar de pimes.

– Esta obra de la globalización, –dijo en el evento, –se la debemos no sólo al distinguido cuerpo de profesionales universitarios que nos acompaña, sino también al esfuerzo de quienes en la anterior administración implantaron el recordado y nunca bien ponderado sobre ajuste. Sin tan sólido fundamento de intereses usurarios, de rebajas arancelarias y de contracción del circulante, sin toda esa valerosa política económica a la pinta del FMI, nunca se habría alcanzado la marca oficial de 8,5% de socios en el sector oriente de la capital.

Por su parte, don Espectro Fusión Conglomerado habló de la ventaja de aunar empresas.

–Basta de la odiosa competencia! A reducir personal, mandan. No más inventar nuevos productos para ganarle el quien vive al otro! Paz en la guerra de precios que solo benefician al abyecto consumidor! Con el monopolio total, –explicó, –se alcanza el anhelo de unidad: un sólo banco, un diario, una única cadena de supermercados a precios top, siempre. Una idea, de cuna a tumba, todos uniformados en el mismo esquema.

– Pero lo mejor, –agregó –es que por esta senda pronto seremos un país libre de clase media, como el Perú y Ecuador, modelos de estabilidad.

El Ministro de Desánimo, también presente en la ocasión, habló de la importancia de aprovechar la coyuntura para desconcertar más aún la cosa con una virtual reforma tributaria que ha de costarle al sector privado sus buenos US $700 millones. De bajar el impuesto a la bencina ni hablar, del IVA menos, pues aliviar la carga tributaria puede provocar optimismo y confianza. ¿Y no es en la confianza, acaso, donde está el peligro?

En menos de un año la cantidad de socios encopetados se ha duplicado. Prensistas, jardineros o arrieros eran los comensales habituales de la mesa del desempleo. Pero ingenieros civiles, ejecutivas de ventas o arquitectos desvinculados, ¡never!

Encima, gracias a la boyante situación económica del país, se ha podido rebajar la edad mínima para ingresar. De los sesenta y cinco antes exigidos, se ha pasado a los cincuenta y actualmente, explicaron, ya pasadito los cuarenta cualquiera queda para el golf.

El Gobierno, por su parte, incentiva positivamente a quien anhele una vida contemplativa: desahucios de hasta 77 millones al gerente de Correos, vista gorda a los alcaldes para que junten todo cuanto necesitan en caso de no ser reelegidos, dietas millonarias a los parlamentarios y pitutos salvajes –premios nacionales y asesorías– a sus leales.

De hecho uno de los pasatiempos favoritos en el Club es, precisamente, pitutear con o sin guantes de box. Junto al pituto de cuña política, uno puede entretenerse en diversos "outsorcings", a menudo para la misma empresa de la cual se ha sido desvinculado.

También se imparten cursos de yoga, de aprete del cinturón y de como elevarse en un globo de aire caliente sin aval bancario.

Ah, un especial de fiestas patrias habrá para los socios: diez mil pesos por familia.

¡Feliz Dieciocho!


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