Pablo Huneeus
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El lado humano N° 2, 28 de noviembre de 2000

LOS RAPEROS DE LA PATAGONIA
por Pablo Huneeus

Es tanto lo que llueve en Chaitén (42° 56 Sur, 72° 43 W), tantas son las noches y semanas enteras de chubasco eterno, que los huesos del ánimo se ablandan como tuto en la cazuela. Por eso, la gente acude regularmente a unas termas de aguas volcánicas, treinta kilómetros cerro arriba, que el buen Dios regaló a los humanos de estas soledades para desaguar sus almas.

Entonces, no bien se ha bajado uno del avión a hélice que entra rumbeando entre las montañas y ya le están ofreciendo viaje a las termas. Llegamos por aire –30 minutos desde Puerto Montt en un añoso bimotor cuyo pasaje cuesta más que Santiago - Buenos Aires–, porque el único otro acceso es tras cinco horas en barco por el Golfo del Corcovado o vadeando ríos por las sendas de los caballos pilcheros desde Futaleufú.

Como sea, este acuoso antídoto de la depresión nos fue administrado ˇsuerte tuvimos! un día de sol cristalino, enteramente despejado, que mostraba en toda su desnudez las mesetas nevadas del volcán Michimahuida (2404 mts.) frente a los vastos pastizales que suben por el valle del río Yelcho hacia los alerzales de la alta cordillera.

Vamos en la camioneta 4 x 4 del profesor de básica César Vilches, quien estuvo dieciocho años enseñando a leer a leñadores de Ayacara. Al cruzar un puente de tablones aparece la Escuela Rural "El Amarillo". Niños juegan a la pelota en un patio rodeado de coigües. César detiene el móvil para que saludemos al profe. Sonriente, sale el maestro Alberto Riffo. 28 alumnos tiene la escuela, 22 internos, sea porque sus padres viven en serranías de difícil acceso o por tener problemas de conducta en Chaitén.

En la gran sala, que sirve de gimnasio y aula magna, unos chicos ensayan para "el día de la manipuladora de alimentos" a celebrarse mañana. El profesor tiene su día, explica Alberto, el alumno, la patria, el apoderado, todos tienen su día, pero siempre es la cocinera que bate y bate el chocolate, por eso hicimos una fiesta para ella. Y el número que preparan no es otro que una exhibición de rap.

Esteban Castro y Jonathan Sánchez, hijo de recolectores de algas, dirigen el show. Once años tienen, pero nada de la timidez campesina vemos aquí, Hola, como estai? Saludan seguros de sí mismos. Se calzan gafas oscuras, ponen a todo volumen un cassette del grupo NSYNC y al son de "Bye Bye" empiezan las volteretas y vueltas de carnero propias de ese ritmo hip hop que agita a la nueva generación desde California a Ceylón.

żY cómo aprendieron el meneo que uno acaba de ver, asombrado, en las calles de Frankfurt? Lo trajeron ellos, replica Riffo, yo no tendría de dónde enseñarles algo tan moderno, y la idea de la Reforma es dejar al niño vivir su cultura, ayudarlos a desarrollar sus ideas, que ellos busquen e inventen.

O sea, la cultura corre como el viento alrededor del globo, y en esa velocidad de transmisión el joven siente que el gran mundo le pertenece, aún cuando se encuentre en los confines de la Patagonia.

żY la cueca? También hay conjuntos que la cultivan tanto en Chaitén como Estoclmo, y así como el vino chileno anda por todos lados, tanto en las llanadas del Palena como en las "bierstube" de Alemania cantan "Gracias a la vida" de Violeta Parra.

Las termas exquisitas, son unos pozones de cemento bajo tejuelas de alerce, Entra un chorro de agua humeante, todo en medio de un bosque catedral.

A la vuelta, por el camino que serpentea los mallines (pantanos) había un concierto: Nicolás La Penna, quien llegó de hippie mochileando desde Wyoming toca guitarra y charango con los alumnos del liceo. Lindo instrumento el charango, se toma con gusto contra el pecho, tiene incrustaciones en maderas de distintos colores, ocho cuerdas, alegre y fácil. Uno de los virtuosos, Juan Carlos Moraga, tiene una "luthería" donde fabrica estas joyas con cedro español y caja de resonancia tallada en lenga, madera de singular sonoridad. Las hace a pedido por $60.000.- (USD 105) Su e-mail: jmoraga@nt.entel.cl

Unos viajeros de Oriente acaba de comprarle varios. Rap del Bronx a la Patagonia, balaliakas de Chaitén a Samarkanda. Y así debe ser porque al fin de cuentas es un mismo aire el que respiramos todos.

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